Penetrado por los rusos

Descubre si / los 60’s y 90’s fuiste penetrado por los rusos.

Extrañando a Los Bolos.

Si alguna de estas fotos te es familiar, te da nostalgia del pasado o te hace hacer pucheros, fuiste penetrado por los Bolos.
Sobre emigrar hay muchas experiencias y en esto los cubanos tenemos catedra. Es un proceso complejo que incluye la adaptación social y cultural, cosa que para algunos es mas fácil que para otros, pero difícil al fin. Todo aquel que ha emigrado ha tenido su dosis de transformación, adaptación y luego si tiene suerte, aceptación. Pero también de alguna manera el inmigrante deja su pequeña mancha, una gota de influjo que lleva consigo y nunca cambia. Tiene que ver con el arraigo al lugar de donde viene y que de alguna manera perdura y se transmite.
A los inicios de los años 60 comenzó la llegada de soviéticos a Cuba. Venían con sus familias en calidad de asesores, encargados de supervisar los proyectos conjuntos entre La Habana y Moscú. Trabajaban en ministerios, fábricas o cualquier área de la ciencia y la técnica que se quería desarrollar en Cuba. Hasta inicios de 1990, se estima que en total vivieron en Cuba unos 18.000 soviéticos, sin contar los asesores militares. Por lo que el fenómeno de culturización rusa se nos dio durante los 30 años que la Cuba estuvo anexada a los soviéticos. Y es que los bolos se nos metieron adentro con muchas cosas. Llegaron a ocupar los espacios que la escases había dejado provocando una invasión cultural.
Suplantaron nuestras necesidades con su industria falta de gracia pero funcional para el momento. Toscos y exagerados pero útiles allí donde mas nada había. En la década de los 70-80, durante toda nuestra infancia y gran parte de nuestra vidas consumimos la industria soviética en toda su magnitud. Comíamos papas y legumbres rusas, bebíamos vodka cuando aun no era moda, vestíamos ropas traídas de la URSS, veíamos cine soviético. El contenido audiovisual de aquellos años fue en gran medida introducido por “los bolos”, como cariñosamente le llamaban los cubanos.
En cada casa había una Matriuska, un poster de adornouna radio, una TV o mínimamente un sellito ruso. Estábamos invadidos.
Crecimos con esa estética que de cierta manera nos formo a muchos. Un patrón torcido de la vieja y fría Europa Oriental importado al medio del cálido e inconsciente caribe. 
Muchos cubanos aceptamos la cultura rusa como algo medio nuestro. Si lo que aprendes de niño se vuelve un habito, es de ahí nuestro amor por Cheburavska. Toda una cadena de generaciones quedo marcada por ellos. Escribo esto y recuerdo a una amiga que viajo a Rusia explícitamente para conseguir la tanda completa de muñequitos que pasaba la televisión cubana durante los años de nuestra infancia. Como cualquier otro adulto que un día se reúne a rememorar El Chavo del 8, o cualquier otra serie famosa de sus años de juventud, nosotros nos reuníamos a verlos, mientras con expresa nostalgia bebíamos Stolichnaya bajo el sol tropical y padecíamos una vez mas por aquellos pobres zorrillos en la nieve.

!Que no es normal! Somos caribeños, nada mas lejano de La tundra y la Taiga.

El desarraigo de ellos se arraigo en nosotros y por eso es que a veces luchamos con la tentación de saborear una lata de carne rusa, observar arte de tonos azulados. Saborear una crema acida o comer algún pastel de canela. Los rusos nos dejaron una huella que aunque vamos sacudiendo las culturas que se nos pegan en este emigrar constante. La rusa es de esas culturas que ya están tan enraizadas que se nos quedan para siempre porque nos han penetrado. 

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